El Quehacer de mi ¿Qué hacer?

Stephany Rendon (Aerialista y Artista)



Lunes


Situada fuera de la puerta, me dirijo hacia mi lado izquierdo. Caminar a las 8:00 am es una buena hora no solo para comenzar mi día, sino para ver iniciar el de los demás.


Observo como algunos pedazos de hule con diversos diseños coloridos son montados sobre mesitas de madera que se encuentran en el exterior de un localito. A una muy probablemente abuelita sentada sobre su mecedora, meciéndose de atrás para adelante y de adelante para atrás con ayuda de la punta de sus piececillos; haciéndome recordar a la mía, y a su caja de galletas que, al acabárselas, decidió que los hilos se veían mejor en ella.


Escucho un sonido, más bien como un chiflido, un chiflido particular fusionado con aromas aún más particulares, «¡las tortillas!»  todos sabemos que nunca se es demasiado temprano para nutrirse de maíz, oh sí.

Sigo en mi andar y en este mismo mi vista ha captado uno que otro letrerito descuidado que me hace pensar en las increíbles oportunidades de las que uno se pierde al usar sus pies como medio de transporte; digo, no en cualquier esquina te andan ponchando las llantas ¡GRA-TIS!


Que cordialidad.


He llegado.


Restriego una y otra vez la planta de mis tenis sobre una jerguita roja ya medio despintada que se encuentra en la entrada del estudio, esto para evitar andar dejando manchas por ahí dentro. Intercambio de buenos días, abrazos rápidos y comentarios positivos de que “hoy sí va a salir.”


Confirmo.


Hora de subir.


«¡La tela no está resbalosa!»


Hoy es un buen día.


Secuencia de la espalda, 4 subidas con taquitos, 2 y 2 en corvas y 2 en pollito rostizado.


En esto de la danza aérea existe la libertad de darle sus propios nombres a las diferentes figuras que se enseñan; y si, Mariana le encontró la perfecta similitud a los cuerpos en posición horizontal que giran y giran en torno a sus 360° sobre alguno de sus pies, con el de “un pollito rostizado”.


Se viene lo bueno.


Caída 4x4. Inversión, seguro, enrollo, paso, atoro corvas, levanto, seguro, invierto, paso tela, respiro, y levanto; otra vez, con los últimos gramos de energía que me quedan, arco, estamos aquí, pies en flex, piernas estiradas, movimiento consciente «¡1-2 y 3!»


Efectivamente, después de varios “hoy” en lunes en los que confirmábamos que salía, salió. Estiramientos, risas y ocurrencias. Despidos orgullosos, chocadas de manos y brevedad de palabras sinceras. 

"Nos vemos al rato."


De regreso a casa para darnos una “manita de gato” y seguir con la rutina.


Piso y piso, “El panadero con el pan, el panadero con el pan” música de fondo para mis oídos, la cual, muy probablemente no podré sacar de mi cabeza en las próximas dos horas. Pasos y pasos, mis tenis chocan una y otra vez con botellitas de plástico y aplastan bolsas de frituras vacías que, en su momento, supongo fueron desayunos.

Estoy de regreso y hago lo que tengo que hacer rápidamente.


Antes de volver a exponerme a la luz del día, coloco algunos trozos de queso sobre mi par de tortillas, pues, por eso de la practicidad y de las prisas. Las voy mordiendo a una velocidad moderadamente rápida que me permite irme acercando al cajón de los leotardos, tomando ahí, el primero que se asome.


Escojo la licra negra, esa que combina con todo. De la obscuridad del cajón a la obscuridad de la mochila.


Vámonos. 


La universidad juega el papel de jamón en sándwich en la rutina. Son épocas de entregas y yo en estas fechas he tomado diferentes decisiones sobre lo que puedo y quiero hacer en un nivel apresurado de tiempo con mi producción artística. En este momento pienso que esas caminatas como medio de transporte y la cámara de mi celular han servido para algo de ello.


Reconvertir lo que ya existe, agregar cosas a las cosas. Cortar y pintar pedacitos de tela como loca; color, siempre agregando color. Tomar formas e imágenes de un lugar y ponerlas en otro, quizá fuera de contexto, como esas guacamayitas rojas que pinté en mi muy aburrida e industrializada sillita blanca. ¿Porque sí? ¿Por qué no? Transferir imágenes sobre papel, atravesar hilos y ajugas sobre ellas, y entre otras cosas, así las cosas. 


Mis clases han ido pasando y las 18 horas con 30 minutos han llegado a la pantalla de mi reloj. La última clase ha terminado; me dirijo con rapidez a cambiar mis jeans por los leggins negros, esos de los que ya había hecho mención antes. Tengo que llegar a las 7pm entonces me da tiempo perfecto.


En 5 días es el recital, hemos estado preparándonos y puliendo rutinas. Solo por si querían saber; estos últimos 3 meses he sido un tucán, un tucán en cuerpo de humano que ha estado trabajando en mejorar sus técnicas de vuelo y aterrizaje. 

Sábado



«Lado izquierdo, camino, llego al frente y doy vueltas mientras sigo caminado. Santo dios ¡No le vayas a pegar a nadie! ¡No te vayas a caer, como siempre!»

Es hora, el momento ha llegado, las luces se apagan, yo y el señor tucán ficticio que llevo en las palmas de mi mano estamos preparados para ser lanzados al estrellato de las alturas en la Avenida 8 Oriente.


«¿Por qué no me abren la puerta?¡ ¡¿Por qué no me abren la puerta?! Ay, ya se abrió»


Camino, lento pero seguro. Llego al frente y siento más pena que mi hermana a sus 15 años repartiendo vasitos con su bello y puberto rostro.

Por fin, estoy al otro lado del escenario.


Los telones me tapan y puedo volver a respirar un poco. Caliento mientras mis amigas, las guacamayas en cuerpo de humano, se entre quejan y mueven sus pies de lado a lado al ritmo de sus manos sacudidas. Mientras, puedo ver las sombras de mis demás amigas socias voladoras.


Increíbles todas.


El momento de las exóticas ha llegado. 3 telas y 2 aros. Subo, subo, subo.  Me coloco en posición y espero el momento justo en el que las tonalidades de la música me indiquen que puedo empezar a desenvolverme de esta pequeña enredadera.


«No los veas, no los veas».

Aproximadamente 5 minutos después estaría abajo y saldría corriendo para posicionarme, otra vez, detrás de esa enorme tela negra. Otros 20 minutos más y mi papel de ave narizona exótica estresada pero feliz que ejercí durante los últimos meses, llegaría a su fin al ser entrelazados mis brazos con los de un muy ágil cisne y un patito muy flexible.




Descubre el arte de Stephany Rendon en: https://fannyrendon.wixsite.com/arte

Instagram: @fanyrendon

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